Un apartamento en el corazón de Valencia. Mucha vida fuera, poca calma dentro.
Vivir en el centro de Valencia, en un piso pequeño y en chaflán, significa vivir con una geometría complicada, ángulos, flujos y metros que no se aprovechan.
Apto. Stolz parte de una superficie de 50m² donde sentirse encajonado es fácil. El objetivo del proyecto es claro, ordenar la vivienda para ganar amplitud, reubicando los usos según el recorrido cotidiano del cliente, el ruido, y la luz.
Partimos de un esquema sencillo, un eje día-noche y otro de servicios asociados a estos usos y situados en medianeras, conseguimos unos movimientos que se recogen en un trazado limpio, sin cruces ni cambios bruscos.
Concentramos la intervención en un volumen de madera que nos permite corregir la geometría y organizar la planta.
Este núcleo alberga almacenaje, lavandería e instalaciones, además resuelve los quiebros del chaflán y libera el resto de la planta.
Desde el acceso, el núcleo de madera nos guía la mirada y el recorrido, un gesto sencillo e intuitivo mediante la diferenciación de materiales.
A continuación, una única pieza de día, una cocina lineal junto con el comedor, zona de trabajo y estar comparten suelo, luz y ritmo. Integrando elementos inevitables como parte de la composición, marcando un eje en el centro de la vida diaria.
La zona de noche, situada en la fachada más tranquila. El dormitorio se plantea como un espacio sereno, cabecero corrido, textiles suavez y una luz filtrada por las cortinas que envuelven la estancia.
En el baño, los revestimientos y la encimera introducen un punto intenso y atrevido, gesto ya utilizado en la cocina, que permite unificar y dar continuidad cromática con el resto de la vivienda y reforzar la idea de refugio.
Los materiales trabajan a favor del orden, un pavimento porcelánico que une toda la vivienda, la madera oscura da peso al volumen central y mobiliario fijo, contrastando con el resto de paramentos de tonos claros que recogen y suavizan la luz natural.
El proyecto se centra en limpiar y definir, cada gesto responde a una necesidad.
El resultado, un apartamento pequeño, pero amplio y claro, donde la vida se mueve sin fricciones.